Primera toma de contacto: Los Galayos

Esta fue nuestra manera de despedir el año 2013.

~Un poquito de Turismo Rural y sobre todo mucho de montaña~

Nos quedamos con la miel en los labios a los pies de los Galayos al ver que el tiempo en la cumbre anunciaba ser bastante inestable. Sin más, continuamos para ver todas las posibilidades de subir al punto más alto, La Mira (2343 metros) .

Conseguimos alcanzar la MIra en el 2014

En la primera toma de contacto a los Galayos, la lluvia no dio tregua durante la semana, ni la noche antes de irnos, pero siempre positivos confiamos en que al día siguiente (como vimos en la meteo) el tiempo iba a mejorar, y así fue. El día anterior ya teníamos todo preparado con la idea de desayunar, colocar todo el equipo dentro del coche y así, minimizar el tiempo de salida.

A las 6:00 de la mañana, aún se contemplaba un cielo oscuro y nubes que dejaron caer algunas gotas sobre el parabrisas. Este panorama junto con mi estado de somnolencia, hizo que me quedase “frita” a la media hora de ponernos en marcha y justo a la altura de Talavera empecé a espabilarme.

Con un cielo curiosamente despejado, sobre las 9:00h. comenzamos a ver la impresionante cordillera de montañas de la Sierra de Gredos, con nieve en las cotas más altas. Ver esto fue muy gratificante, nos relagaron ese día unas increíbles vistas a pesar de todo y eso se agradece.

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Pasamos por Arenas de San Pedro, un pueblo muy cuco del cual mi abuela me suele contar algunas historias de su infancia. Yo nunca había estado allí, así que verlo al menos de paso fue bastante agradable y sorprendente ya no solo por su ubicación donde prima la naturaleza en estado puro, sino, por lo bien aprovechado y cuidado que parecen estar los recursos que pueda ofrecer el pueblo, como es el Castillo de Condestable Dávalos, aparentemente bien conservado, declarado Monumento Histórico Artístico desde 1931.

Espero algún día poder volver con más tranquilidad para visitarlo y deleitarme con los encantos que seguro ofrece cada rincón de Arenas de San Pedro. El siguiente pueblo que nos encontramos es Guisando con unos 800 habitantes aproximadamente y es a partir de allí, donde se deja ver la mezcla de tonalidades, y coloridos exquisitos del bosque recordando al Otoño, con árboles de al menos 15 metros de altura, nada que ver con los bosques de la Sierra de Guadarrama. A pocos metros, a nuestra izquierda nos encontramos con el Campamento Luís Manuel López Martínez con perfectas chozas hechas con troncos y un montón de actividades (si pudiésemos ser de nuevo niños…).

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Un vez llegamos a la plataforma del Nogal del Barranco nos atamos bien la botas, nos pusimos la ropa de abrigo (y guardamos la que pudiese hacernos falta más arriba), las mochilas a la espalda y a las 10:30 comenzamos la andadura de unos ¾ hora aproximadamente. El camino comienza muy arbolado y muy bien señalizado para tomar las distintas rutas que se pueden realizar. Después de una hora, comenzaron a aparecer las primeras cascadas y riachuelos (hay que tener cuidado a la hora de cruzarlos para no resbalar).

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El camino es muy cómodo hasta llegar a el camino de las Zetas, algo que nos pareció estupendo cuando lo observamos tan bien empedrado. He de decir que nos entretuvimos mucho, yo a la ida y mi padre a la vuelta, no podíamos dejar de hacer fotos o grabar cada detalle y las vistas que iban cambiando cada “x” metros recorridos. Por fin llegamos al camino de “las Zetas”, aquí ya se pone interesante el asunto, mucho hielo en ascensión totalmente vertical, mucho viento y gran caudal de agua de la lluvia de días anteriores.

Vimos como un grupo de montañeros que iban delante nuestra se daban la vuelta, por la inseguridad de alguno de componentes para continuar hacía el Refugio Victory (según nos dijeron). Mientras, nosotros nos pusimos los crampones e intentamos hacer un poco de escalada por el hielo. En ese momento es cuando piensas lo importante que es ir acompañado a la montaña.

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Continuamos un poco más hasta encontrarnos una cascada donde nos quedamos paralizados unos minutos al no saber que hacer. Al rato mi padre se decidió y saltó hasta el otro lado. Un intento arriesgado. Yo decidí esperarle  mientras el frío y el aire comenzaba a hacerse insoportable. A los 15 minutos, apareció a lo lejos, decepcionado, haciéndome señales para que diésemos la vuelta. Así que comencé a descender.

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Finalizamos el descenso por el camino de las Zetas, y mientras preparábamos la comida nos dimos cuenta de lo cerca que estuvo mi padre del Refugio pero por aquella vía, al menos ese día, era inaccesible para nosotros y arriesgarse era demasiado esta vez. Quizás por otra vía hubiese sido más viable poder ascender, no lo sabemos, sin embargo no nos arrepentimos de haber madrugado tanto para disfrutar de todo lo relatado.

En cuanto podamos para culminar nuestro próximo 2000.

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